2 dic. 2011

The man at the piano-Charles Bukowski

THE MAN AT THE PIANO
PLAYS A SONG
HE DIDN'T WRITE
SINGS WORDS
THAT AREN'T HIS
UPON A PIANO
HE DOESN'T OWN
WHILE
PEOPLE AT TABLES
EAT, DRINK AND TALK
THE MAN AT THE PIANO
FINISHES
TO NO APPLAUSE
THEN
BEGINS TO PLAY
A NEW SONG
HE DIDN'T WRITE
BEGINS TO SING
WORDS
THAT AREN'T HIS
UPON A PIANO
THAT ISN'T HIS
AS THE
PEOPLE AT THE TABLES
CONTINUE TO
EAT, DRINK AND TALK
WHEN
HE FINISHES
TO NO APPLAUSE
HE ANNOUNCES,
OVER THE MIKE, THAT HE IS
GOING TO TAKE
A TEN MINUTE BREAK
HE GOES
BACK TO THE MEN'S
ROOM
ENTERS
A TOILET BOOTH
BOLTS THE DOOR
SITS DOWN
PULLS OUT A JOINT
LIGHTS UP
HE'S GLAD
HE'S NOT
AT THE PIANO
AND THE
PEOPLE AT THE TABLES
EATING, DRINKING AND TALKING
ARE GLAD
HE ISN'T THERE
EITHER
THIS IS
THE WAY IT GOES
ALMOST EVERYWHERE
WITH EVERYBODY AND EVERYTHING
AS FIERCELY
IN THE HIGHLANDS
THE
BLACK SWAN BURNS

27 nov. 2011

Mirada

Qué irritante es a veces mirarse a los ojos. Esta mirada divide, separa, deconstruye, penetra, permite ver con claridad todos los otros yo—yoes, yos. Y si estos otros vuelven a mirarse a los ojos ¿Qué queda? Tal vez la subdivisión se torne infinita y pueda desembocar en todas las posibles vidas.
Oh, sí, qué irritante que es esto, qué irritante que es esto y comprobar al fin que solo somos esto: yo y mi espejo.

13 oct. 2011

Hoy solo catarsis

Hoy soñé con él. Como en los sueños suele pasar estaba ahí (él, no yo), insertado en la realidad, impuesto. Se encontraba con la mayor de las naturalidades, inclusive lo vi aun más joven-cabría mejor decir, escribir: menos viejo- solo pude abrazarlo.  Le pregunté sin que se me soltara ni siquiera un lágrima-externa-qué le había pasado, qué hacía allí, cuándo y cómo había vuelto, quién era él, quién era yo. Fue solo un chiste, se explicaba, dirigido hacia un amigo. ¿Un chiste? Me pregunté a la vez que le extendía la pregunta a él. ¿Y todos los demás solo actores en este supuesto chiste para “un amigo”? Todos se reían. Si el único que no se reía ante esta supuesta revelación era yo, a las claras se veía quién fue la víctima. Él era Mario y esta es la introducción sobre quién fue para mí.
Escribí algo con el título “Hermanas”, dijo en el primer encuentro de un cuarteto que unos años después se separaría. L a semana siguiente llevé lo pedido, desperté su interés en mí como futuro escritor y desde allí no dejé de escribir.  Hoy Mario está muerto y no yo. Esa es una de las cosas incomprensibles.  Otra es un concepto en sí mismo: las relaciones, mis relaciones. Cuando me enteré del hecho-esta palabra hace pensar en que alguien produce la acción, en este caso la muerte, ¿Quién? ¿Dios? ¿La muerte misma?- no lo sentí como creía que debía haberlo sentido. Él ya estaba mal, por ende no era tan extraño que sucediese eso, lo extraño fue que no me afectó inmediatamente. El dolor que todavía no me había llegado me permitió ir a ver el programa de Dolina con Ferna, reírme, aunque con un poco de culpa, cabe aquí la confesión: el “tú debes sentirte triste” retumbaba en mi mente. Discutimos este tema con mi amigo, sobre la ausencia del sentimiento esperado; esto me hizo sentir un poco mejor. Todavía me faltaban seis horas para resarcirme -¿Ante quién? ¿Ante mí? ¿Ante él? ¿Ante Él?
Velatorio. El que haya ido a uno sabrá que esa única palabra es capaz de describir todo lo que en nuestros recuerdos se encuentran. Lo realmente pertinente de destacar es que evocar la vida de la persona que nos aunaba esa mañana, verlo-recostado, quieto, tieso, tan frío, tal vez-hizo que algo raro se moviera en mi interior. Angustia, quizás. Lo único que sabía era que deseaba largarme de allí con todas mis ansias, la soledad, dejar de pensar en él tanto como pudiese.
Han pasado más de dos meses y aun no se va, la angustia sigue. Vuelve en sueños (él, no la angustia) y yo sigo acá -¿Dónde? Uno siempre está “acá”- sin poder escribir algo que realmente valga la pena. Lentamente me voy alejando de todos-de mí primero que nadie-, perdiéndole el sentido a lo que antes me causaba placer. 

13 mar. 2011

Paciencia

Anoche, de nuevo te vieron mis ojos;
anoche, de nuevo te tuve a mi lao.
¡Pa qué te habré visto si, después de todo,
fuimos dos extraños mirando el pasao!
Ni vos sos la misma, ni yo soy el mismo.. .
¡Los años! ... ¡La vida!... ¡Quién sabe lo qué!...
De una vez por todas mejor la franqueza:
yo y vos no podemos volver al ayer.

Paciencia...
La vida es así.
Quisimos juntarnos por puro egoísmo
y el mismo egoísmo nos muestra distintos.
¿Para qué fingir?
Paciencia...
La vida es así.
Ninguno es culpable, si es que hay una culpa.
Por eso, la mano que te di en silencio
no tembló al partir.

Haremos de cuenta que todo fue un sueño,
que fue una mentira habernos buscao;
así, buenamente, nos queda el consuelo
de seguir creyendo que no hemos cambiao.
Yo tengo un retrato de aquellos veinte años
cuando eras del barrio el sol familiar.
Quiero verte siempre linda como entonces:
lo que pasó anoche fue un sueño no más.
de Gorrindo y D´arienzo

Paciencia[*]
            Miro a uno y a otro lado pero no concibo trazar semejanzas entre las dos imágenes: un espejo y una foto de mí mismo pero unos diez años menor. Es increíble cómo uno puede cambiar tanto en una década. Antes solía tener el pelo largo, solía tener pelo; ahora en cambio el peso que ahorré con el cabello perdido lo he recuperado en los kilos que gané de grasa en el cuerpo. Sí, definitivamente de la foto al presente no hay nada de similar. En la imagen estoy con Romina y ella seguro que no cambió, en unas horas veré su pelo lacio y negro de costumbre, sus ojos verde agua y su piel canela. Algunos dicen que los reencuentros no existen, que las segundas partes nunca fueron buenas, pero qué se yo. Tal vez se equivocan.
            Salgo de casa y estoy muy cerca de verla de nuevo a ella, mi primera novia. Mi ansiedad me consume y no puedo dejar de imaginármela, quizá más bella ahora, más inteligente. Recuerdo cuando teníamos esas largas charlas desde la tarde hasta pasado el amanecer, hablando sobre todos los temas, los triviales y los profundos. Fue con la única con la que pude tener esa conexión, eso que casi podría llamarse empatía.
            Una rosa amarilla en el pelo ¿Dónde estará? Hay demasiadas mesas y tan poca gente en este lugar, no me debería costar tanto dar con ella. A ver, a ver… ¿Será esa? Pero no, no puede ser. Esa está inclusive mucho más subida de peso que yo, se le ven las arrugas a una milla y su rostro me hace acordar al tango Maquillaje, queriendo aparentar demasiado una ficticia juventud. Por lo menos yo acepto mis treinta años. ¿Será ella? Es la única con la rosa encima. ¿Voy o no voy? Saco la foto del bolsillo del pantalón y como temprano por la mañana hago el ejercicio de comparar, ahora a la mujer sentada y a la fotografiada ¡Son dos personas totalmente diferentes!
            Obedeciendo a mis impulsos me retiro, al final me digo que deberé tener paciencia. Paciencia para ver si algún día logro encontrar a mi Romina, tal vez aun no ha vuelto…



[*] Inspirado en el tango “Paciencia” de la autoría de Francisco Gorrindo



15 feb. 2011

¿Empatía?

            Me provocás frío ajeno, me dijiste el día que nos conocimos, cuando yo me derretía a causa del calor que sentía; nunca nos entenderemos nos declaramos mutuamente. Yo me cansé de gritarte que a veces es mejor callarse mientras que vos me aturdiste con tus silencios, los que nunca alcancé a descifrar; nunca nos comprenderemos nos comentamos con miradas. Sin embargo, hoy te observo recostada al lado mío y concluyo que tal vez esto sea el amor, dos que luchan por entenderse infinitamente.