13 mar. 2011

Paciencia

Anoche, de nuevo te vieron mis ojos;
anoche, de nuevo te tuve a mi lao.
¡Pa qué te habré visto si, después de todo,
fuimos dos extraños mirando el pasao!
Ni vos sos la misma, ni yo soy el mismo.. .
¡Los años! ... ¡La vida!... ¡Quién sabe lo qué!...
De una vez por todas mejor la franqueza:
yo y vos no podemos volver al ayer.

Paciencia...
La vida es así.
Quisimos juntarnos por puro egoísmo
y el mismo egoísmo nos muestra distintos.
¿Para qué fingir?
Paciencia...
La vida es así.
Ninguno es culpable, si es que hay una culpa.
Por eso, la mano que te di en silencio
no tembló al partir.

Haremos de cuenta que todo fue un sueño,
que fue una mentira habernos buscao;
así, buenamente, nos queda el consuelo
de seguir creyendo que no hemos cambiao.
Yo tengo un retrato de aquellos veinte años
cuando eras del barrio el sol familiar.
Quiero verte siempre linda como entonces:
lo que pasó anoche fue un sueño no más.
de Gorrindo y D´arienzo

Paciencia[*]
            Miro a uno y a otro lado pero no concibo trazar semejanzas entre las dos imágenes: un espejo y una foto de mí mismo pero unos diez años menor. Es increíble cómo uno puede cambiar tanto en una década. Antes solía tener el pelo largo, solía tener pelo; ahora en cambio el peso que ahorré con el cabello perdido lo he recuperado en los kilos que gané de grasa en el cuerpo. Sí, definitivamente de la foto al presente no hay nada de similar. En la imagen estoy con Romina y ella seguro que no cambió, en unas horas veré su pelo lacio y negro de costumbre, sus ojos verde agua y su piel canela. Algunos dicen que los reencuentros no existen, que las segundas partes nunca fueron buenas, pero qué se yo. Tal vez se equivocan.
            Salgo de casa y estoy muy cerca de verla de nuevo a ella, mi primera novia. Mi ansiedad me consume y no puedo dejar de imaginármela, quizá más bella ahora, más inteligente. Recuerdo cuando teníamos esas largas charlas desde la tarde hasta pasado el amanecer, hablando sobre todos los temas, los triviales y los profundos. Fue con la única con la que pude tener esa conexión, eso que casi podría llamarse empatía.
            Una rosa amarilla en el pelo ¿Dónde estará? Hay demasiadas mesas y tan poca gente en este lugar, no me debería costar tanto dar con ella. A ver, a ver… ¿Será esa? Pero no, no puede ser. Esa está inclusive mucho más subida de peso que yo, se le ven las arrugas a una milla y su rostro me hace acordar al tango Maquillaje, queriendo aparentar demasiado una ficticia juventud. Por lo menos yo acepto mis treinta años. ¿Será ella? Es la única con la rosa encima. ¿Voy o no voy? Saco la foto del bolsillo del pantalón y como temprano por la mañana hago el ejercicio de comparar, ahora a la mujer sentada y a la fotografiada ¡Son dos personas totalmente diferentes!
            Obedeciendo a mis impulsos me retiro, al final me digo que deberé tener paciencia. Paciencia para ver si algún día logro encontrar a mi Romina, tal vez aun no ha vuelto…



[*] Inspirado en el tango “Paciencia” de la autoría de Francisco Gorrindo